Julio Cortázar: 7 poemas ilustres

Frases de Julio Cortázar

Miembro del “boom” latinoamericano, Julio Cortázar es uno de los escritores argentinos más reconocidos en el mundo junto a Julio Borges. Nació en 1914 en Bruselas ya que fue hijo de un funcionario que trabajó en dicha embajada y no fue hasta 1918, debido a la Primera Guerra Mundial; que llegó al suburbio bonaerense de Banfield, Argentina.

Tras culminar sus estudios académicos en 1935 de Filosofía y Letras, comienza a publicar estudios de Crítica Literaria y a dar clases. Unos años más tarde debe dejar su país natal por problemas políticos, lo que le impulsa a viajar a diferentes países al mismo tiempo que publica ensayos en diferentes revistas literarias.

Poemas de Julio Cortázar

El escritor argentino no se hace conocido hasta la publicación de Rayuela en 1963, la cual se destaca y reconoce por ser su “obra maestra” del género novelesco. Sin embargo, poemas de Julio Cortázar tienen píldoras de lo que viene a ser su estilo y preocupaciones literarias vigente a lo largo de su obra.

La inquietud de la vida, los problemas y planteamientos existencialistas son algunos de los temas que se rastrean en la obra de Cortázar, junto a la búsqueda de autenticidad, el sentido de la vida y el mundo.

Una carta de amor

Todo lo que vos quisiera
es tan poco en el fondo
porque en el fondo es todo

como un perro que pasa, una colina,
esas cosas de nada, cotidianas,
espiga y cabellera y dos terrones,
el olor de tu cuerpo,
lo que decís de cualquier cosa,
conmigo o contra mía,

Todo eso es tan poco
yo lo quiero de vos porque te quiero.

Que mies más allá de mí,
que me ames con violenta prescindencia
del mañana, que el grito
de tu entrega se estrelle
en la cara de un jefe de oficina,

y que el placer que juntos inventamos
sea otro signo de libertad.

Zipper sonnet

de arriba abajo o bien de abajo arriba
este camino lleva hacia sí mismo
simulacro de cima ante el abismo
árbol que se levanta o se derriba

quien en la alterna imagen lo conciba
será el poeta de este paroxismo
en un amanecer de cataclismo
náufrago que a la arena al fin arriba

vanamente eludiendo su reflejo
antagonista de la simetría
para llegar hasta el dorado gajo

visionario amarrándose a un espejo
obstinado hacedor de la poesía
de abajo arriba o bien de arriba abajo

Una idea

Una idea incandescente se me vino esta mañana
una antorcha que flameaba en lo alto de mi mente
pero sola y sin refuerzos tal vez pierda la batalla
ya librada de hace tiempo por tu brillo y un cobarde

un cobarde que vacila entre el olvido y tras la nada
que hacia tras tus pasos y tu melódica mirada
que se pierde encandilado tras el grito de tus ojos
que se aturde enceguecido tras el brillo de tu nombre

que se esconde tras las letras de algún otro nombre
y aun así no se atreve a fritar de quién se esconde
que hace frente a tan valiente a enredadas tempestades
y se escapa como un niño al descubrirse a tu lado

que amanece al medio día y se duerme al despedirte
que susurra tan potente qy que grita tan despacio
Que camina tan de prisa y con los ojos bien cerrados
sin valor por la cornisa que conduce a tu palacio

Una idea de coraje se me vino esta mañana
de sentarnos frente a frente y quitarme el camuflaje
de soplar mis emociones y transformarlas en palabras
en palabras que te expliquen cómo cae el agua helada

Una idea tan sublime como tantas que me diste
tan tardía y predecible como tantas he tenido
pero sola y sin refuerzos de valor y otros aliados
ha perdido la batalla
ya es de noche
ya te fuiste.

El futuro

Y sé muy bien que no estarás.
No estarás en la calle,
en el murmullo que brota de noche
de los postes de alumbrado.
ni en el gesto de elegir el menú,
ni en la sonrisa que alivia
los completos de los subtes,
ni en los libros prestados
ni en el hasta mañana.

No estarás en mis sueños,
en el destino original
de mis palabras,
ni en una cifra telefónica estarás
o en el color de un par de guantes
o una blusa.
Me enojaré amor mío,
sin que sea por ti,
y compraré bombones
pero no para ti,
me pararé en la esquina
a la que no vendrás,
y diré las palabras que se dicen
y comeré las cosas que se comen
y soñaré las cosas que se sueña
y sé muy bien que no estarás,
ni aquí dentro, la cárcel
donde aún te retengo,
ni allí fuera, este río de calles
y de puentes.
No estarás para nada,
no serás ni recuerdo,
y cuando piense en ti
pensaré un pensamiento
que oscuramente
trata de acordarse de ti.

Para leer de forma interrogativa

Has visto
verdaderamente has visto
la nieve los astros los pasos afelpados de la brisa
Has tocado
de verdad has tocado
el plato el pan la cara de esa mujer que tanto amás
Has vivido
como un golpe en la frente
el instante el jadeo la caída la fuga
Has sabido
con cada poro de la piel sabido
Que tus ojos tus manos tu sexo tu blando corazón
había que tirarlos
había que llorarlos
había que inventarlos otra vez.

Encargo

No me des tregua, no me perdones nunca.
Hostígame en la sangre, que cada cosa cruel sea tú que vuelves.
¡No me dejes dormir, no me des paz!
Entonces ganaré mi reino,
naceré lentamente.
No me pierdas como una música fácil, no seas caricia ni guante;
tállame como un sílex, desespérame.
Guarda tu amor humano, tu sonrisa, tu pelo. Dalos.
Ven a mí con tu cólera seca de fósforo y escamas.
Grita. Vomítame arena en la boca, rómpeme las fauces.
No me importa ignorarte en pleno día,
 saber que juegas cara al sol y al hombre.
Compártelo.

Yo te pido la cruel ceremonia del tajo,
Lo que nadie te pide: las espinas
Hasta el hueso. Arráncame esta cara infame,
oblígame a gritar al fin mi verdadero nombre

After such pleasures

Esta nopche, buscando tu boca en otra boca,
casi creyéndolo, porque así de ciego es este río
que me tira en mujer y me sumerge entre sus párpados,
qué tristeza nadar al fin hacia la orilla del sopor
sabiendo que el placer es ese clavo innoble
que acepta las monedas falsas, las circula sonriendo.

Olvidada pureza, cómo quisiera rescatar
ese dolor de Buenos Aires, esa espera sin pausas ni esperanza.
Solo en mi casa abierta sobre el puerto
otra vez empezar a quererte,
otra vez encontrarte en el café de la mañana
sin que tanta cosa irrenunciable
hubiera sucedido.
y no tener que acordarme de este olvido que sube
para nada, de borrar del pizarrón tus muñequitos
y no dejarme más que una ventana sin estrellas.

La lenta máquina del desamor
La lenta máquina del desamor,
los engranajes del reflujo,
los cuerpos que abandonan las almohadas,
las sábanas, los besos
y de pie ante el espejo interrogándose
Cada uno a sí mismo
ya no mirándose entre ellos
ya no desnudos para el otro,
ya no te amo,
mi amor.

Publicado por J Cortez

Estudiante de Lengua y Literatura, mención profesor. Escritor y Freelancer a tiempo completo.

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